Cuidado conyugal 101: Cómo afrontar los cambios en el amor y la responsabilidad

Cuidado conyugal 101: Cómo afrontar los cambios en el amor y la responsabilidad

De pareja a cuidador: redefiniendo su rol

El cuidado conyugal no es un acto de apoyo común y corriente. Implica cambios emocionales profundos, especialmente cuando la demencia o una enfermedad crónica ponen en entredicho las antiguas rutinas conyugales. El cónyuge que cuida experimenta una pérdida anticipada, mientras que el receptor de los cuidados puede parecer distante o apático. Inevitablemente, la intimidad y el equilibrio de la relación de pareja cambian, lo que genera una sensación de añoranza de la cercanía que había antes. El apoyo profesionalLa autoconciencia y los límites saludables ayudan a reformular esta nueva identidad dual. Reconocer la magnitud de estos cambios puede allanar el camino para estrategias de afrontamiento significativas y, en última instancia, una experiencia de cuidado más sostenible.

Esta situación presenta desafíos únicos que van más allá del tipo habitual de cuidado que se brinda a un niño u otro tipo de ser querido. La pérdida de una relación se produce cuando un cónyuge requiere el cuidado del otro. A menudo, el cónyuge sano se aleja emocionalmente. Hay una pérdida anticipada. Hay un cambio significativo de roles, de igualdad y asociación a dependencia y necesidad. Si hay demencia, generalmente hay Apatía por parte del receptor de cuidados, también. No responde a los gestos cálidos ni a las palabras cariñosas. Los viejos hábitos románticos no obtienen respuesta. Los problemas de intimidad complican aún más las cosas. ¿Qué se puede hacer para mitigar estos desafíos y abordarlos de manera más eficaz?

Reconocer el nivel de este cambio profundo. Hay trabajo emocional que hacer. La identidad del cuidador ahora es dual, no solo la de pareja/cónyuge. También es cuidador. Por lo tanto, se ha iniciado una reevaluación del propio rol y la aceptación de este. Puede ser útil buscar apoyo profesional para adaptarse a esta nueva identidad.

El trabajo posterior implica reconocer y aceptar la pérdida ambigua. No hay cierre porque la persona está presente, pero en un estado diferente. La persona del pasado ya no está allí. El desafío es lograr tanto el cuidado como el autocuidado.

Los profesionales aconsejan que es de gran ayuda tener claro lo que se puede hacer y lo que no se puede o no se quiere hacer. El uso de la palabra “yo” es beneficioso, como decir “haré esto” y “no haré esto”. Demarcar esos límites en el cuidado significa decir qué tareas se harán y cuáles no. Es posible que a la otra persona no le gusten esos límites y tiene derecho a sentirse así. Contratar ayuda y obtener ayuda para esas tareas es crucial. Respetar esos límites mantendrá una situación manejable.

Esté atento a los signos de agotamiento. ¿Están aumentando los sentimientos de resentimiento, culpa y enojo? ¿La gente comenta que se está descuidando? ¿Se ve demacrado? ¿Ha descuidado sus propias citas médicas? ¿La gente le señala que necesita un respiro y más ayuda? Preste atención y piense bien en lo que cambiará. Esto es complicado. Implica tareas físicas y muchas emociones. Obtenga ayuda profesional si es necesario. Este es uno de los mayores factores de estrés de la vida.

Caring Professionals tiene muchos recursos para ayudar a los cuidadores y a las familias:

Compartir:

Facebook
Twitter
LinkedIn

Artículos Relacionados